21 noviembre 2007

Snobs

07 noviembre 2007

Mores

- 1 -
mores

¿Y tú de quín eres, mores?
Mayeando y casi sin aliendu se apaecía aquella mujer subiendo el Cuestu. Embozáa de negru, negru de años, negru fatigáu por el labarientu de la vida y la muerte. No conocía la mi cara ni supía acaldame en denguna de aquellas quimas familiares en que la alcordanza escazaperaba las gentes del lugar. ¿De los perros? ¿Quizás un grillu? ¿O esi visaje no sedrá de los de la Macona? Imposible sabelu. Allegase a la carretera y alcontrase con esa caruca de chicu endinu sin reconocela no era pusible.
¿De quín eres, mores?
Sentencia cincilla pero jonda, como una torca encoroná de rajas muy aparente que escuende el abismu. No priguntaba por el nombre de la mi madre ni el mi apillíu. No, quería saber munchu más. Una rispuesta daprendía hacía tiempu: ni una palabra, ni un nombre, sino toda una genealogía del pueblu.
Y prestábame que así juesi. Al sentir esa historia chospaba por adentru al poder bieldar quín era yo y los míos. Supía antes de parlar que aquella mujer sonreiría al discurrir quín juerin. Se alcordaría de la que aselaba prontu en casa dimpués de costodiar en secretu a Las Nieves perseguía; al atullicíu justu y secu, gutu y cariñosu; a los que trespusierin bien luegu a la ciudad a entrar a servir en casa ajena; a los que medrarin con un sudor que abora campizaba en la mi cara.
De Tina, la nieta de Segunda, la de la Marina.
Llamatos y nombres en una mistura capaz de desplicar toda una historia.


- 1.1 -

la mujer cincilla

Una sonrisa surdió cuando pasó al milicianu. Sin duda tamién él riía en aquel labarientu de sangre y guerra que les bía tocau vivir. Ella siguiría saludando con calma y él moscaría toda la tarduca convincíu de que el esenemigu no moraba en aquel pueblu; aunque escuendieran a aquella virgenzuca con una devoción que a él apaecía inorancia.
Ella caminaba a pasu quedu sopandeando la su cara escaramuzáa. Cinco años con goterones el invernal de Castaños y ni una gota desde que Las Nieves durmía allá entre la herba secu. Milagru, cavilaba para sí, milagru, ni una gota cullando de las riostras, ni una teja caída.. Imagen que ensuga agua y sangre; muerte que no apaez en aquel valle: milagru entre brañas.


- 1.2 -

el atullicíu

Aquel día espertó rutando el atullicíu. Jacía tiempu supía que angu raru pasaba en los invernales, pero solo dimpués de repasar todo los socedíu alcontró una rispuesta clara. Bía entendíu que cuando desaparecían todos aquellos triques siempre estaba enredeor la mesma persona: Colás el de la Gerra. Al principiu esapartó esa idea de la su sesera porque no podía creer que el su compañeru estuviera en ellu. Sí, era angu rarolón y gutu en las largas tarducas allá riba en el monti, pero de esu a más… Sin embargu, tenía de ser él. Así que esa mañana, dimpués de la parva, trispuso a Los Tres Fresnos con su zurrón, sus aperios… y un plan.
Pocas cosas de valor tinía, pero la su navaja de afitar era una de ellas. Bía sentíu alabanceala cada vez que la sacaba por las mañanas y se afitaba delantre un espeju escascaritau; estaba siguru que con tan güena ocasión se alamparía el ladrón. Así que en cuantu se allegó al invernal y vio a Colás echau a la sombra del fresnu echó el anzuelu, dejando la navaja juntu al zurrón en el bocarón. Unas pocas palabras sobre el tiempu y el trebaju y por allí marchó el atullicíu con la cabeza más en cazar al ladrón que en acurriar las vacas.
Pasó una mañana, un meyudía y una tarde. Y el atullicíu se golvió al invernal primiendo la su vara fuertemente comu calmando el rencor que surdía en la su alma. Porque jue comu asperaba. Ni había navaja ni estaba Colás. Solo el zurrón. Solo la ira.
Una ira que no se estuvo cuando se alcontró al trajinador en la cambera de la Peña. Colás negó una, pero la sigunda no aguantó. Reconoció la navaja y con ella tamién el chisqueru de praos, el jermosu de agostu, la vara de sitiembre. Munchu más no pudo icir. Porque el atullicíu, aunque confiau y tranquilu de diariu sacó el su cuchillu y cortó la oreja a Colás:
Los ladrones, marcaos tien de ir.
Sentencia atávica que Colás no pudo sino aceptar. Pasaron los meses y todo quedó olvidau y el atullicíu quedó calmau. Pero dendi aquel día aquel jue Colás el Marcau.

- 1.3 -

la que trispuso

Rumirías, fiestas y baile asgaya; mozos cortejando juntu al ventanucu, risas picaronas de mujeres y duendas campanilleras. Esu era antes. Antes de abajase a la ciudá. Antes de vinise a jacer jortuna, a llenar la faltriquera… a sobrevivir. Amirábase al espeju y no se reconocía. Era el miedu, la rabia que cubría la su cara día a día trebajando, sirviendo, siendo criáa. Porque si acá había un señor y una señora, ella no lu era. Estaba abaju y tenía de sabelu. La nochebuena abrierin el su corazón y dimpués de cucinar y servir la apurrierin un platu a la su mesa. Que coma con nós la criáa. Bondad infinita. Caridá sin límites de quin no camienta que el otru sea comu él.
Trebaju duru que solu deja alegrías para el dumingu, a la tarde; dimpués de todas las ubligaciones. Pujíu daprendíu que vivirá toda la vida. Siempre sedrá malu, siempre jue mejor antes. Generación esmaná en el progresu y la engarra a diariu con la probeza.


- 1.4 -

la arbolariona

Coger la furgoneta de Los Jornos era la felicidad. Era dejar atrás los trajines cansos y duros, el soberau chicucu y escuru y aquella pozona escrupía de genti, jumu y problemas.
Golver al solfeteu, golver a ser el centru de todos. Golver a ser cría. Una güelta curta y con final triste, pero suficiente para ganar juerza.
Dejar de servir, de añorar, de suspirar.
Juerza y más juerza atropá en lo que morre para remanecer en lo que vive.
Otra vida, otra genti, otru terrenu.


- 2 -

los mis amores

En cuanto arrabearin dejé de aguantar las glárimas y dos goterones esbalagarin por los mis papos. Sin mudar la cara, sin mover un gonce; pero con un augua salada cullando por las mis barbas y empapando el mi rostro. Aquellas dos figuras se esmanban caleya abaju y yo siguía allí, mirándolas.
Los mis amores, dos.
Con las glárimas surdió tamién todo lo que ocultaba siempre que ellas estaban conmigo: el dolor, la angustia, la pena… Sobre todo la pena. Golví a sentir la bujana que cumía el mi arca, la su tiez de aceru alifazandome día a día, acordanza del mi destinu. Dejar de velas. De ver los sus ojos clisaucos escuchando las mis historias, las sus maninas buscando las mías, las sus palabras cincillas de amor. Aquellas dos cosinas que bían cambiau los mis tres últimos años no tinían de sabelu. Caltenía cada día toda la mi juerza para ellas, cubijando las mis tristezas. Ya no podía enrear con ellas o escurrilas a la calle. En breve no estaría.
Porque achisbaba cerca esa señorona que vinía a buscame de negru, negru de lutu, negru de muerte anejáa, cudando quin sedrá esi que tien de llevase siendo tuvía mozu. Una madrugá bien luegu sentiré la su voz.
¿De quín eres, mores?

29 octubre 2007

Dejamos de runfar

Abandonamos el sullar de la vecera. Echamos el marcu a un proyeutu que no campizó por problemas ténicos, de tiempu y sobre todo, las estadísticas que mostraban que onque muchos se mos arrimaban, pocos picaban en los ligatos para sentir los audios. Siguimos discurriendo que jaz falta una voz rosnona, peru asina no.

22 octubre 2007

Zarcea / Sarceda



Los llamatos morren lentu. Si apaecía que Zarcea se esmanaría ajuegá entre tanta Sarceda ujicial, el otru día mos alcontramos con estu. Quin entarajiló un paintball en Zarcea (o tempora o mores, un penbolu allá riba) le pusu... Zarcea. Extraña forma de caltenese un llamatu, peru muy güena. Los paisanos van más aprisa que la alministración. Un cartelucu vieju y roñosu y otru bien maju todo moernu y aparente. La iniciativa privau cerniendo el nuestru patrimoniu. Josús!!

15 octubre 2007

DesAlcuentros

Hace unos años el cántabru era aún más minoritario que ahora. Allá por el 2001 hablar de lingüística de Cantabria suponía ser un friki o un nacionalista; y la mayoría era ambas cosas a la vez. La vieja guardia del montañés estaba dormida tras años de clamar en el desierto y los únicos signos de debate aparecían en foros de internet o en escasas iniciativas individuales. La situación actual casi podría definirse como un surdimientu en comparación con aquellos años que quizás por ingenuo optimismo ahora me parecen oscuros.
Pero también eran años de grandes ilusiones en lo personal. Mucho tiempo, ganas y energías disponibles para dilapidar en algún labariento imposible y sobre todo, mucho palique con ese bastiano que hacía hervir la sangre con sus ideas. Eran días de charlas interminables sobre el cántabru presididas muchas veces por el vino barato y arropadas siempre por una inmensa amistad. Subiendo y bajando por la Alameda siempre sin saber cómo acabar la conversación, o buscando un minuto a solas para no aburrir al resto de la gente, se fraguaron miles de planes, cientos de propuestas y alguna realidad.
Como Alcuentros, una revista en la que publicar estudios serios sobre lingüística de Cantabria. Teníamos los conocimientos y los contactos suficientes para hacerlo, y lo hicimos.
Empezamos con números complicadísimos en la forma y dispersos en el contenido, pero poco a poco fuimos mejorando la calidad del formato. Con una difusión muy discreta y unos costes reducidísimos empezamos a llegar cada vez a más gente con la ayuda exclusiva de la Red. Años de esfuerzo, dinero perdido, desilusiones y recompensas escasas, pero siempre con esa alma de proyecto loco y compartido fraguado en horas de palique.
Esa alma fue perdiéndose: la vida fue dejando cada vez menos hueco para la fantasía y la realidad se impuso avasallando con sus obligaciones. Del bar al teléfono, del teléfono a internet y de internet…
Es muy posible que no salgan más números de Alcuentros, que ahora malvive en la Red perdida en una dirección gratuita como ese anciano que nadie reclama y es acogido en un hospicio de la caridad. Sus artículos, algunos de indudable valor, ya tienen vida propia y circulan sin el patronazgo que siempre brinda una revista.
Nadie la echará de menos; ni tan siquiera yo, abonado a lo irremediable. La melancolía la reservo para el bastiano, sus geniales ideas y su compañía insuperable.

09 octubre 2007

32 años dimpués...

La estatua de Franco se retirará en mayo de 2008

¿Y abora ondi dirá el cuchu las palomas?

Por apurrir daque ideas, sedría guenu que pinaran una estatua con la que pudieran identificase todos los sananderinos. ¿Qué tal alcordase de la decensa por caltener las sus libertades en el siglu XV? Cuando el rey Enrique IV jue a devolver favores al Marqués de Santillana, le entregó la ciudá de Santander que siempre estuvo baju realengu. Barruntando que perdían los sus drechos ante un señor feudal los sananderinos se levantarin y derrotarin a las tropas del marqués que no juerin pa aplicar por la juerza la real orden. Al final el rey revocó la decisión, caltuvo las libertades de Sanander y le dió el títulu de muy noble y muy leal que tuvía apaez en el su escudu.
Mejor que Franco, ya sedrá

01 octubre 2007

Alcontrar la unidá

Mos icía Serrón en el debate alreor de la carta a un inorante de esta bitácora que la declaración del BIC sedría un pasu chicucu para el labarientu que tenemos entre las manos. Una custión interesante asgaya porque esta iniciativa supón un mínimu y bien luegu habrá de echase el marcu para la su superación. ¿Val la pena gastar abora inteligencias y cuicía para un caminu tan curtu? ¿no bría de intentase una figura jurídica más ambiciosa?
La rispuesta que mosotros mos damos es que sí, merez la pena. Primeru porque el BIC no tien un recorridu tan curtu comu apaece a la primer vista. Desisten mecanismos suficientes para entarajilar un conceju permanente que costodie el caltenimientu de este patrimoniu y que puei ser el escomienzu de muchas otras iniciativas. Y sigundu, porque los beneficios del BIC se allegan bien lejos del nuevu estatus jurídicu.
Porque la iniciativa del BIC está convirtiéndose en un trapo, una bandera. Es un puntu de alcuentru de todos jirmando ajuntaos por decender un bien común. Una petición cincilla y razonable, coherente y justa que está acurriando apeas dendi diferentes visuales ideológicas y sociales, echando la solera de una movición más amplia y alcontrando casi una utopía en la nuestra tierra: unidá.
Por esu abora tamién siguimos bierrando: MOS ALAMPAMOS POR IN BIC