La reciente admisión de Rumania y Bulgaria en la UE ha elevado aún más el número de lenguas existentes en un Unión que se ha convertido en una Torre de Babel. Esto no supone un problema para los que entienden esta organización como una simple unión de países soberanos con relaciones económicas especiales, ya que el mundo de los negocios hace tiempo que solucionó el problema encumbrando al inglés como lengua franca. Sin embargo, la política aún no ha asimilado esa realidad y sigue enrocándose en la protección numantina de las diversas lenguas vernáculas.
Desde esta bitácora se defiende y promueve la diversidad lingüística, pero teniendo bien claro que la unidad y la interrelación con otras comunidades (no solo europeas) pasa indefectiblemente por la asunción de una lengua franca que sirva como medio de comunicación común y permita la articulación de un tejido social más denso. Un Parlamento Europeo con decenas de traductores no es síntoma de respeto a la diversidad sino de la escasa formación de nuestros políticos, ya que la protección de las lenguas minoritarias no debe ser una excusa que obstaculice la globalización de la comunicación social.
Desde esta bitácora se defiende y promueve la diversidad lingüística, pero teniendo bien claro que la unidad y la interrelación con otras comunidades (no solo europeas) pasa indefectiblemente por la asunción de una lengua franca que sirva como medio de comunicación común y permita la articulación de un tejido social más denso. Un Parlamento Europeo con decenas de traductores no es síntoma de respeto a la diversidad sino de la escasa formación de nuestros políticos, ya que la protección de las lenguas minoritarias no debe ser una excusa que obstaculice la globalización de la comunicación social.

